Mi hijo tiene autismo y durante anos luché contra eso. Luché contra el diagnóstico, contra las miradas, contra mis propias expectativas. Me agotaba pelear con la realidad. El día que acepté que mi hijo era exactamente como debía ser, que no necesitaba ser "curado" sino entendido, todo cambió. Empecé a ver sus capacidades en lugar de sus diferencias. Empecé a escucharlo de maneras que no son palabras. Hoy me enseña cosas que ningún libro me pudo dar. La aceptación no es rendirse. Es dejar de pelear contra lo que es para empezar a descubrir lo que puede ser.
—Ana G.· México